Porsche 911 número 999.999 ¿te dice algo este número?

Porsche 911 número 999.999 ¿te dice algo este número?

Tres meses exactos se cumplen desde que salió de la línea de producción en Zuffenhausen el histórico Porsche 911 número un millón. Fue un momento histórico. Wolfgang Porsche esperaba, todos esperaban. Ruido de flashes… y un Porsche de color verde vio la luz. Pero hubo uno antes que él que se quedó a las puertas de entrar en los anales de la historia de la marca, el 911 número 999.999. Qué mala suerte… ¿O quizás no? Una reflexión subjetiva sobre la suerte de esquivar por los pelos la popularidad.

Ni confetis, ni música, ni grandes ovaciones. Probablemente tampoco aplaudió nadie cuando el Porsche 911 número 999.999, un Targa 4 GTS, salió de la línea de montaje. Detalles de una insignificancia casi cruel si tenemos en cuenta que su destino es convertirse en un automóvil completamente normal y corriente (suponiendo, claro está, que un 911 pueda ser en algún caso normal y corriente). Es el último predecesor, el último “bueno, allá nos vemos”, antes de que, justo después de él, el millonésimo 911 salga de la línea de montaje acompañado de gran expectación y parafernalia. Si un auto pudiera tener sentimientos, el rojo con el número 999.999 se sentiría como esos teloneros que los espectadores escuchan de fondo, sin prestar demasiada atención, ahogando su música con conversaciones distraídas y ruido de vasos mientras comienza el gran concierto para el que han pagado la entrada.

Y es que rozar el palo no es gol. Es cierto. Pero al mismo tiempo es un gran error interpretar siempre ese ‘casi’ como algo negativo. Evidentemente, nadie va a celebrar no haber acertado en la lotería porque resulta que al final, por muy complejos y profundos motivos, escogió el 31 en detrimento del 32 y terminó decidiéndose por el 9 en vez de por el 8 porque coincidía con la fecha de cumpleaños de alguien. Al fin y al cabo, no importa lo cerca o lejos que pasara el balón del palo. Es como perder el tren: si lo has perdido, lo has perdido, y es irrelevante si has llegado 10 segundos, 10 minutos o 10 horas tarde.

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Quedarse a las puertas de la gran cifra te deja fuera de la vitrina, pero a cambio te obsequia con la libertad. Por ello, ser el número 999.999 es en realidad una gran suerte. El número 1.000.000 es la pieza de museo, el objeto del coleccionista, la inversión en una subasta. El número 999.999, es el maravilloso automóvil infravalorado que, con inteligente humildad, escapara a la vorágine y disfrutara de una vida en libertad, la de verdad.

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