#LunesDeLamborghini – Urraco, de toro a novillo…

#LunesDeLamborghini – Urraco, de toro a novillo…

Siete años de producción y apertura a la tecnología, son dos de las características más importantes que describen al superdeportivo de nombre Urraco, llamado así debido a una pinta típica de los toros de lidia que posee la cualidad de combinar pelo blanco y negro como el de una urraca. Sí, seguimos con la tradición taurina de la casa boloñesa.

LamborghiniSin embargo, no perdamos de vista el análisis al bólido “entrepelado” de Lamborghini, que gozó de gran aceptación por parte de los entusiastas y amantes del motor, y es ahí en donde precisamente encontramos una de las grandes diferencias del Urraco con el resto de su “ganadería”.

Se trataba de un V8 a 90º que se adecuaba a las nuevas y estrictas normativas de combustibles, emisiones y contaminación de los Estados Unidos, pero también respondía a la inquietud por buscar un mercado más amplio, pues el Urraco de Lamborghini se produjo bajo la directriz corporativa de atacar al cliente que buscaba los Maserati Merak y Ferrari Dino. Se trata de un coupé con carrocería 2+2 diseñado por Marcello Gandini de Carrozzeria Bertone.

Lamborghini Del total de 791 unidades producidas del Urraco, de las cuales: P250, presentado en el Salón del Automóvil de Turín 1970, con motor V8 de 2436 cc (2,5 litros), capaz de producir una potencia de 220 CV a 7500 rpm; P300, presentado en el Salón del Automóvil de Turín en 1974, mismo que resultaba el más potente de la familia, con un V8 de 2995,8 cc (3 litros) y 250 caballos a 7500 rpm; P200, finalmente develado en Salón del Automóvil de Turín como la tercera y última versión del Urraco, su potencia alcanzaba 182 caballos gracias a un V8 de 2 litros.

De acuerdo a las normativas norteamericanas, el Urraco vendido en suelo estadounidense se llamó P111, e incorporaba un parachoques más amplio y una reducción de potencia hasta terminar en los 180 caballos de potencia. Las cifras más escandalosas, provienen del Urraco P300 de 3 litros y 250 caballos, mismas que detenían el crono en la prueba de aceleración (0 – 100 km/h) en 5.6 segundos y conseguían alcanzar los 260 kilómetros por hora.

 

Sobre 

Entusiasta de la comunicación y la actividad del periodismo ejercidos con profesionalismo. Manejo desde los 13 años, pero –en la actualidad– sigo jugando a los carritos.

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